Juan Alberto Díaz, alias “El Barba“, por ser militante peronista y pensar distinto fue detenido, encarcelado y torturado. Era un excelente carpintero y su sobrino, Fernando, lo había anotado en un plan del gobierno: debía ir a la cárcel de Villa Urquiza a enseñarles (ad honorem) a las personas privadas de su libertad el noble oficio y los secretos de la carpintería. Compraba y les llevaba maderas, herrajes, cola, barniz; todo lo necesario para realizar los trabajos, que se convertían en una nueva forma de vida y sustento para las familia de los detenidos, mientras ellos cumplían su condena y más cuando salían en libertad. Ese barbado y humilde trabajador de la madera fue mi hermano. Por aquel maltrato recibido, joven, lo tuvimos que llorar. Pero esa semilla germinó y hoy: “Presos de Villa Urquiza fabricaron roperos y juguetes para un Hogar de Niños” en esta Navidad, (LA GACETA, 14/01/26). ¡Bendito Dios! Gracias por crear esta clase de personas, que más allá de sus quehaceres usan el tiempo de descanso para ayudar al hermano que lo necesita y enseñarle los principios básicos de la solidaridad.

Francisco Amable Díaz

Pedro G Sal 1.180